Inflación y Deflación, ¿Estás Cobrando el Precio Correcto?

 

El proceso de compra-venta tiene muchas fases y consecuencias; rara vez permanece constante, ya que está continuamente sujeto a cambios inevitables entre la oferta y la demanda. Entre esas consecuencias, tenemos a la inflación y a la deflación, dos conceptos que debes manejar para poderte prevenir en caso de que surjan al marco de tu negocio.

 

Empezando por lo básico, tienes que saber lo siguiente: la oferta y la demanda son dos caras de la misma moneda, una moneda que representa al mercado en general. La oferta es la cantidad de bienes y de servicios disponibles (lo necesario) y la demanda es la cantidad de esos bienes por el mercado (la necesidad). Cuando no hay un equilibrio entre ambas, se producen estos fenómenos económicos conocidos como la inflación y la deflación.

 

La inflación, por un lado, tiene que ver con la pérdida del valor de la moneda de una determinada economía, lo que detona el aumento de precios en la oferta; surge porque la cantidad de demanda aumenta en relación a la cantidad de oferta. Por otro lado, la deflación (más temida que la inflación) es cuando la cantidad de oferta aumenta en relación a la cantidad de demanda (normalmente, porque la demanda disminuye), lo cual se traduce tanto en un desperdicio inefable de recursos como en una pérdida considerable de ingresos y, cuando el desajuste se debe a una recesión económica, de clientes.

 

Conociendo ambas, podrás darte cuenta de que, aquí en México, claramente estamos en una inflación constante: los precios suben sin parar, de poco en poco (alcanzando en diciembre de 2017 un máximo para los últimos diez años con 6.77% anual, de acuerdo con Alejandro Díaz de León, Gobernador del Banco de México). Muchos factores influyen en esto, como lo han sido recientemente los aumentos en el precio de los energéticos y de las tasas de interés, así como el incremento en la demanda interna, debido a que hay más gente en el país comprando más bienes y servicios.

 

Así, cuando la demanda supera a la oferta, los bienes y servicios disponibles tienden a cotizarse más alto -ya que el consumidor, si quiere ser de aquellos que logren tener acceso a la oferta disponible, tendrá que pagar más por ella. Esto exige más dinero, más circulante, para que pueda ser utilizado. En virtud de tal situación, nuestra moneda pierde gradualmente su valor: como hay que pagar más por lo mismo, menos valor posee.

 

Por eso, que no te asuste el que los precios (como el de la gasolina) aumenten cotidianamente en nuestro país. Mejor pregúntate qué tanto afecta esto a tu estructura de costos (v.g., el costo de tu oferta) y, sobre todo, qué margen de maniobra te da tu consumidor para qué tú aumentes tu precio (o en términos de "oferta y demanda", determinar qué precio estaría dispuesto a pagar la demanda de tu producto o servicio por tu oferta). 

 

Y es que -a veces, lamentablemente; a veces, afortunadamente- la relación entre tu precio y la inflación no necesariamente es directa, sino más bien depende del perfil de tu consumidor, de tu segmento (la denominada "elasticidad de la demanda al precio").

 

En Azendo, implementamos distintas herramientas para calcular la elasticidad de la demanda de tu producto o servicio de acuerdo con tu precio (es decir, saber cuánto variaría la demanda a tu oferta en respuestas a las variaciones en el precio), y así maximizar tus ingresos.

 

Contáctanos si tienes interés en saber cómo podríamos apoyarte a optimizar tus ganancias, o comparte esta información si conoces a alguien a quien le pudiera interesar.

 

 

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